Policiales

Chofer baleado volvió a su casa, pero no saben quién le disparó

Carlos González deberá realizar una larga rehabilitación. Hasta ayer estuvo internado en el Hospital Escuela. El 14 de agosto sufrió un balazo en la cabeza cuando iba a comprar pan. Pese a la investigación policial no pudieron identificar al autor y desde dónde lo balearon.

El chofer de colectivos herido de un balazo en la cabeza cuando iba a comprar pan a un kiosco, en el barrio Cristóbal Colón de la capital correntina, obtuvo ayer la alta médica después de dos meses internado.

Por el caso no existe detenido alguno y tampoco hay un sospechoso firme. A pesar de los trabajos, la Policía nunca pudo saber sobre la persona que accionó el arma y desde dónde lo hizo.

Carlos Daniel González, de 31 años, convive con un proyectil alojado en el interior del cráneo y deberá realizar un largo proceso de rehabilitación.

Durante el tiempo que permaneció en el establecimiento sanitario el hombre pasó por todo tipo de estados de salud. Mejoría, recaídas, estudios y otros tantos procedimientos médicos.

La ayuda clave para que Carlos haya sobrellevado tanto tiempo hospitalizado fue el acompañamiento de su pareja, Rocío Vivar, quien habló con época y expuso dos situaciones contrapuestas.

Previous DEBERÁ AFRONTAR UN PROCESO DE REHABILITACIÓN.

Next
Por un lado, el agradecimiento porque su concubino dio un paso hacia adelante y por el otro recalcó que no dejarán de pedir «justicia» y esclarecimiento de lo ocurrido aquella noche del miércoles 14 de agosto.

La mujer indicó que Carlos volverá a su domicilio con todos los cuidados necesarios, siguiendo los pasos que determinen los médicos y a la espera de una evolución.

En tanto, Vivar remarcó que la causa ha quedado prácticamente en la nada. «No hay testigos, nadie dice lo que pasó; la Policía no pudo identificar a la persona que disparó», dijo.

Parte de la familia recorrió por su cuenta el barrio y zonas aledañas en forma paralela a la fuerza de seguridad y en procura de conocer alguna versión o encontrar a alguna persona que diga saber lo que pasó.

«Es injusto que quede todo en la nada. Él era una persona que trabajaba todo el día; estábamos todo el día haciendo nuestras cosas sin molestar a nadie, no tenemos problemas», expresó.

Carlos, al momento de suceder el episodio, estaba cobrando la mitad del sueldo porque fue licenciado, por un preventivo de crisis, en una empresa de transporte urbano de pasajeros.

El incidente que tuvo como víctima a González ocurrió el miércoles a la noche en un kiosco de avenida Iberá, entre Crespo y 2 de Abril del barrio Cristóbal Colón, frente al populoso asentamiento «La Chola».

El chofer fue a un kiosco a comprar pan acompañado de su pareja y cuando ambos estaban parados en la vereda se produjo la detonación de un arma de fuego.

Los dos estaban cerca de otros clientes esperando a ser atendidos a través de las rejas colocadas en el comercio a modo de seguridad.

Según Rocío, en esos instantes oyeron el estruendo, como si fuera de un «cohete», y su novio comenzó a tambalear hasta caer sobre el piso, acusando la grave lesión en la cabeza.

Malherido fue asistido en el lugar. Decenas de vecinos se arremolinaron a la espera de la llegada de la ambulancia como de personal médico. Desde el principio todo fue confuso.

Al paso de los días, autoridades de la comisaría Séptima, Dirección de Investigación Criminal y Dirección de Investigación de Delitos Complejos realizaron una serie de procedimientos, bajo la supervisión de la Unidad Fiscal de Investigaciones Concretas a cargo de Gustavo Robineau.

En un primer momento las sospechas recayeron sobre un sereno de la cuadra. Sin embargo, no pudieron determinar que haya sido el autor del disparo que, posiblemente, haya sucedido en forma accidental.

Otra teoría avalaba la posibilidad de que el balazo partió desde el interior del comercio donde la pareja estaba parada sobre la vereda. Las autoridades tampoco pudieron cimentar esa teoría.

Tanto el dueño del negocio como el vigilador negaron cualquier tipo de responsabilidad. Incluso secuestraron un revólver cuyo peritaje «dio negativo».

Otras hipótesis manejadas en el caso fueron que el disparo, probablemente, partió del arma de un motociclista o de alguien que estaba al otro lado de la calle, en el asentamiento «La Chola».

Para la familia del colectivero alguien debe saber quién fue o vio al responsable del disparo. Quizá por temor decida no brindar testimonio.

Las imágenes de las cámaras de seguridad dispuestas en los alrededores no permitieron avanzar en el esclarecimiento. En pocas palabras, lo sucedido parece encaminarse a quedar como un hecho irresuelto.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba