Madre de un delincuente pidió: «si lo encuentran, mátenlo»

Martes por la noche. Barrio Sol de Mayo, zona de asentamientos. Una adolescente va hasta el fondo de su casa para «hacer entrar la ropa» ante la inminencia de la lluvia. Para su sorpresa se topó con Kevin G., un súper conocido delincuente de poca monta del barrio. Todos los vecinos saben quién es. Es que a todos les robó.
Kevin tiene 19 años y es un «fisura», término coloquial para describir a un drogadicto en situación de extrema marginalidad y deterioro. No vive lejos de ahí. Habita en «la casona», una casa antigua que los vecinos recuerdan que alguna vez perteneció a la familia Bejarano. En ese lugar se junta con otros tantos en su misma situación y delincuentes llegados de muchos puntos de la ciudad. Un lugar al que la Policía accede con dificultad, no solo por la peligrosidad sino por la sinuosidad del laberíntico camino para llegar.
El radio de acción de Kevin es su barriada. No va muy lejos. Entra a las casas y roba lo que encuentra. Y luego lo vende o lo cambia por droga. Su vida transcurre así. El drama de los honestos vecinos parece estar ligado a la suerte de no toparse con los «Kevin» de la zona.
La chica grita al ver a Kevin en su patio. Sus familiares salen para ver qué le pasa. Ven huyendo al delincuente y salen a perseguirlo (¿cazarlo?). Muchos vecinos se unen. Se les pierde en uno de los tantos pasillos del asentamiento.
La muchedumbre va hasta la casa de Claudia, la madre de Kevin. La mujer no objeta que registren su vivienda. Antes de que se marchen, les deja una escalofriante frase: «Si encuentran a mi hijo, mátenlo… yo ya lo eché de la casa, ya estoy podrida de él, no sé más que hacer con él… Mátenlo».
La búsqueda fue infructuosa. Se les perdió en la noche entre los recovecos del asentamiento. Al regresar a la casa, la familia damnificada fue a ordenar los destrozos que el ladrón les provocó. Para su sorpresa, hallaron el documento del malviviente, que el ladrón perdió en su loco escape. No hacía falta para saber quién era. Ya todos lo conocen. ¿Cómo terminará esta historia?
Gustavo Gamboa- Diario Época



