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Registros de escritos diabólicos

Un escalofriante corpus literario lo integran diversas obras vinculadas a la representación simbólica del Diablo cuya tenebrosa figura ejerció una seductora fascinación a muchos escritores a lo largo de los siglos. Es bien sabido que las primeras menciones de “pactos” con Satanás devienen desde los tiempos del Cristianismo y que en infernal cadencia abarcaron a las cosmogonías de los cultos más extraños.

En tal sentido, desde los autores cristianos que atravesaron profundas crisis de fe hasta renombrados escritores, ese universo demonológico marcó con sangre páginas de la literatura universal.

Como señala de forma escalofriante el historiador francés Jules Michelet (1798-1874): “Cuando se trata de un Pacto Diabólico, el alma de un hombre y el Diablo coinciden en que han nacido el uno para el otro, ya que ante la primera tentación, el alma se lanza a esa horrible extremidad”.

De acuerdo con la bibliografía documentada, la figura del clérigo nacido en Turquía, Teófilo de Adana, fue la primera en “firmar” un acuerdo de sangre con Satanás, a la cual le siguió en saga la del misterioso Papa Silvestre II, fallecido en el año 1003, y sobre quien pesó la acusación de “pactar” con las siniestras fuerzas del Mal.

También en las culturas de Oriente la presencia del Maligno se hizo carne en una obra anónima y maldita llamada “La Llave menor de Salomón”, la cual describía meticulosamente los sortilegios y sangrientos conjuros que debían seguirse para invocar a los demonios.

Al igual que el tratado del siglo XVI titulado “Libro de Soyga”, también conocido por los demonólogos como “El libro que mata”, al representar una suerte de manual hecho en base a tablas, símbolos y palabras escritas al revés que representaban los accesos directos que debían seguir los “iniciados” para ingresar al Inframundo.

Lo cierto es que a lo largo de la historia algunos autores han dejado obras basadas en una suerte de simbólica y luciferina demencia que irremediablemente los han arrastrado a las oscuras profundidades del Infierno. Los sueños proféticos y apocalípticos confluyeron en un apasionado e imaginario universo demoníaco que también se manifestó en autores como el francés Jacques Cazotte (1719-1792) quien terminó su pobre existencia ajusticiado en la guillotina.

Su más famosa obra fue “El Diablo enamorado” en la cual relata el encuentro de un joven con una bella y sugestiva ninfa que en realidad esconde a la figura de Belcebú. Por la misma senda endemoniada transitó el predicador protestante irlandés Charles Maturin (1782-1824) en su extraña obra “Melmoth el Errante”, singular personaje que realiza un desesperado “acuerdo” con el demonio en busca de la inmortalidad.

Otro fue el caso del escritor neoyorkino Washington Irving ( 1783- 1859) autor de la famosa novela “El Jinete sin cabeza” y del cuento “El Diablo y Tom Walker” en el cual desarrolla la historia de un pobre y miserable hombre que pacta con el “Innombrable”.

Una obra considerada maldita por la sociedad europea de finales del siglo XIX fue “La- Bas” ( traducida como “Allá lejos” o “Allá abajo”) obra del escritor francés J.K. Huysmans (1848-1907).

Publicada en forma de folletín en el año 1891, narra la historia de un personaje que representa el alter ego del propio autor y que describe con desgarrador existencialismo la opaca visión de un hombre ante un mundo que le resultaba vulgar y asfixiante.

Para escapar de ese presente que lo atormenta, el personaje encuentra la “salvación” en antiguos tratados de magia negra. Con un relato por momentos tan repulsivo como estremecedor, el personaje señala que la práctica del Satanismo continuaba vigente en Francia, e incluso es testigo de la celebración de una “Misa Negra”.

Esta escalofriante novela fue editada en capítulos semanales en el diario “L’Echo de Paris”. Pese a que su autor aclaró que simplemente se trataba de una ficción histórica, la novela finalmente tuvo que ser prohibida por expreso pedido de los lectores.

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