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El día más increíble del deporte argentino

Se cumplieron 20 años de aquel ilustre sábado 28 de agosto de 2004 en los Juegos Olímpicos de Atenas. El oro del fútbol y el básquet junto al bronce de "Camau" y Lange lo certifican.

Las horas de diferencias del huso horario entre Grecia y Argentina quizás relajaron la excitación que produjo una de las jornadas de cierre de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Y sin problemas de expresar algo exagerado y continuar con debates resultadistas, aquel 28 de agosto de 2004 fue sin dudas el día más importante del deporte argentino de la historia.

Es que la obtención del oro olímpico para el fútbol y el básquetbol en una misma jornada así lo certifica. Bendita agenda olímpica que permite culminar con esas dos disciplinas de alta popularidad y llegar al Olimpo en pocas horas. Esa madrugada, más que nunca, había que estar bien despiertos.

Enviado por «época», sobrevivir a las madrugadas argentinas en pleno sol griego, permitieron desde semanas antes acompañar a la dupla de Clase Tornado con el correntino Carlos Mauricio Espínola y Santiago Lange, que en ese sábado logró quedarse con la medalla de bronce tras varias regatas complicadas en la Marina de Agios Kosmas.

Pero todo comenzó bien temprano –alrededor de las 2 en Argentina-, cuando la agenda nos llevó a ser testigos del diploma olímpico que alcanzó el palista argentino Javier Correa quedando noveno en la final de K-1 de 500 metros, en la jornada de clausura del canotaje en los Juegos de Atenas.

La segunda parada para la cobertura de importancia (y un grupo de hinchas que también disfrutaba de esos últimos metros de aquella cita olímpica) fue la definición del fútbol. Y el equipo de Marcelo Bielsa que no defraudó y venció a Paraguay 1-0 (gol de Carlos Tévez) para dar el primer festejo que llevaría la jornada a un lugar inolvidable, único e irrepetible.

Del Estadio Olímpico, todos a correr para ver las últimas dos regatas de la Clase Tornado. Pasando por el milenario barrio de Plaka, al pie de la Acrópolis, y escuchar el aliento argentino en la estación de Monastiraki. «Camau» y Santiago debían tener una siesta catastrófica para no subir al podio. Pero no quisieron quedar afuera de la sintonía «albiceleste» aquel sábado y sumaron otra medalla.

Todo lo que se logró en esas horas en la cuna del olimpismo parece guionado. Deportistas argentinos (entre ellos un correntino) que dejaron una marca imborrable en la memoria gloriosa del deporte nacional. Recuperaron el lugar dorado y más importante en el olimpismo tras 52 años. No fue un sábado más, fue una obra mitológica que recién cumple dos décadas.

Y en el último turno llegaba el turno del básquet, que la noche anterior nos hizo acostarnos muy tarde después de noquear al Dream Team. Pero el 28 de agosto, en el Complejo Olímpico de Deportes, la selección del cordobés Rubén Magnano consiguió lo soñado: la medalla dorada frente a Italia.

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