A 57 años del asesinato de John F. Kennedy, el dramático testimonio de un médico que estuvo en la sala de emergencia y las palabras que dejaron en shock a Jackie

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A 57 años del asesinato de John F. Kennedy, el dramático testimonio de un médico que estuvo en la sala de emergencia y las palabras que dejaron en shock a Jackie

Joe Goldstrich hacía sus primeras prácticas en el Hospital Memorial de Parkland cuando respondíó a un llamado de emergencia en la guardia el 22 de noviembre de 1963. Llegó allí casi al mismo tiempo que el presidente herido tras recibir dos disparos. ¿Qué sucedió en esa sala? ¿Podrían haberle salvado la vida actuando de otra forma?

 

El 22 de noviembre de 1963 Joe Goldstrich hacía su residencia en el Hospital Memorial de Parkland, en Dallas. Con los años se iba a especializar en cardiología, pero en aquel momento cumplía una rotación en neurocirugía, con Kemp Clark, titular de la práctica en ese hospital de Texas. Goldstrich —que hoy tiene 82 años— aprovechaba el horario del almuerzo para estudiar en la cafetería porque ese día posiblemente tendría que hacer una traqueotomía por primera vez en alguien vivo, cuando apenas pasadas las 12:30 del mediodía hubo una llamada de emergencia para el equipo de Clark.

Goldstrich subió corriendo los seis pisos hasta la habitación del paciente que podía estar necesitando, anticipadamente, la traqueotomía: cuando abrió la puerta de un golpe no sólo no lo encontró ahogándose sino que leía, plácidamente, una revista.

—¡Gracias a dios que usted está bien! Hubo una llamada de emergencia para el doctor Clark y pensé que podría haber sido usted. Disculpe. Qué bueno que está bien.

—Sí, sí. Yo estoy bien. No tengo idea qué puede ser. Acaso tenga que ver con eso —dijo, y señaló hacia la calle, al otro lado de una ventana.

Joe Goldstrich se dedicó a la cardiología, pero hace 57 años estaba en la guardia de neurocirugía del hospital al que llegó Kennedy malherido y le tocó asistir en la emergencia. (Captura de Youtube)Joe Goldstrich se dedicó a la cardiología, pero hace 57 años estaba en la guardia de neurocirugía del hospital al que llegó Kennedy malherido y le tocó asistir en la emergencia. (Captura de Youtube)

Goldstrich se acercó y miró hacia abajo. Vio la caravana presidencial, con confusión: la visita de John F. Kennedy no incluía un paso por el hospital.

“Volví a correr, escaleras abajo, hasta la sala de emergencia. Desde la mañana tenía puesta la ropa quirúrgica. Ya había un agente del Servicio Secreto en la puerta. ‘Goldstrich, neurocirugía”, le dije, y me dejó entrar”, contó el médico, 57 años más tarde de aquel acontecimiento que ni él ni el mundo han olvidado, a MedPage Today. “Ingresé a la sala de emergencia al mismo tiempo que JFK llegaba en una camilla”.

El relato increíble de este testigo de la historia tiene, en sí mismo, un origen asombroso. Durante la reunión anual del Colegio Nacional de Médicos de Emergencias (ACEP) de los Estados Unidos, que se realizó del 26 al 29 de octubre de 2020 de manera virtual por la pandemia de COVID-19, Terry Kowalenko, de la Universidad de Medicina de Carolina del Sur (MUSC), dio una conferencia sobre el tratamiento médico que recibió Kennedy para analizar si, con los actuales avances del sector, hoy se podría haber salvado su vida.

Goldstrich, que se retiró ya de la práctica médica y reside en Iowaparticipó en los comentarios, y se identificó como “la persona más joven que participó de los esfuerzos de resucitación de JFK”. El periodista Randy Dotinga leyó ese mensaje, verificó que en efecto el médico estuvo en la Sala de Emergencia 1 de Parkland, y lo entrevistó. Aunque durante mucho tiempo no habló del tema —dada la sensibilidad que conllevaba, la polémica y las teorías conspirativas—, en 1993 Goldstrich dio su testimonio a Bill Sloan para el libro JFK: Breaking the Silence, y en 2018 a Bill Garnet y Jacque Lueth para el documental Los médicos de Parkland, y antes de retirarse lo recordó a O’Shaughnessy’s, una publicación defensora del uso médico de la marihuana, al que él adhirió hacia el final de su actividad.

¿Se dio cuenta de que el paciente era Kennedy? —le preguntó Dotinga.

"Goldstrich, neurocirugía”, le dijo al agente del Servicio Secreto, e ingresó a la sala de emergencia al mismo tiempo que JFK llegaba en una camilla.“Goldstrich, neurocirugía”, le dijo al agente del Servicio Secreto, e ingresó a la sala de emergencia al mismo tiempo que JFK llegaba en una camilla.

Supe que era Kennedy. No recuerdo exactamente cómo, pero lo supe.

“Así arruinaron la prueba forense”

Goldstrich ayudó a pasar al presidente de los Estados Unidos, que yacía inconsciente, de la camilla de transporte a la mesa de exámenes. También ayudó a desvestirlo, y en eso estaba todavía —no habían pasado dos minutos— la sala se había llenado de médicos y cirujanos, entre ellos James Carrico, el primero en tratar a Kennedy y acaso el testimonio más famoso que se dio ante la Comisión Warren que investigó el magnicidio.

Con las lecturas sobre traqueotomía frescas en su cabeza, Goldstrich observó el hueco en el cuello del presidente, que no podía respirar ni siquiera con una máscara de oxígeno. Tenía el tamaño de una moneda de 10 centavos, la más pequeña. “Yo no sabía nada de balística, así que no tenía idea de si era una lesión de entrada o de salida, y ni siquiera se me cruzó por la cabeza el asunto”, dijo a O’Shaughnessy’s. Vio que los médicos superiores en rango ponían un instrumento para estirarlo y observar, y llegó a ver el cartílago de la tráquea. Como se había preparado para una traqueotomía, su primer instinto fue usar el mismo hueco para entubar a Kennedy.

Sin embargo, no dijo nada. Los demás médicos practicaron una incisión y ampliaron la herida para colocar un tubo, “y así arruinaron la prueba forense: el informe de patología nunca reflejó el aspecto que tuvo el hueco en el momento en que Kennedy llegó al hospital, agregó. “Pero yo era el junior, esos médicos eran mis profesores”.

A los 82 años y ya retirado de la medicina, Joe Goldstrich contó a MedPage Today los detalles del tratamiento de JFK en la sala de emergencia, desde su posición de testigo privilegiado.A los 82 años y ya retirado de la medicina, Joe Goldstrich contó a MedPage Today los detalles del tratamiento de JFK en la sala de emergencia, desde su posición de testigo privilegiado.

Por esa misma razón fungía también de recadero, y le tocó hacerlo en ese momento: “Fui a buscar el desfibrilador, que tenía el tamaño de una heladera”, recordó a Dotinga. Hizo rodar el equipo desde otra sala de emergencia.

Terminó de colocarlo junto al paciente cuando Clark, su jefe en condiciones normales, entró a la sala: lo vio correr hacia la mesa de exámenes sin advertir que, al costado, ubicada a sus espaldas, estaba la primera dama, Jacqueline Kennedy. El neurocirujano observó al presidente mientras Charlie Baxter, el director de emergencias, le practicaba compresiones cardíacas, a la espera de la evaluación de Clark para proceder con el desfibrilador o no. Las palabras de su colega fueron brutales:

Charlie, por dios, ¿qué haces? Su cerebro está desparramado por todos lados —canceló Clark toda esperanza.

“Vi la expresión de ella cuando escuchó lo que él dijo”, contó Goldstrich. “Es otro momento que me quedó marcado a fuego en la memoria, desafortunadamente. Jackie estaba en shock, como un venado encandilado por las luces de un automóvil. La sorprendió que alguien hablara tan crudamente de lo que estaba sucediendo”.

—¿Cree que Kennedy estaba vivo cuando llegó al hospital?

—Es más que probable que ya estuviera muerto al llegar. No soy un experto en eso. Es sólo mi humilde opinión de amateur.

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