Aunque te hayan dañado, darte la oportunidad de amar de nuevo vale la pena

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Aunque te hayan dañado, darte la oportunidad de amar de nuevo vale la pena

“El amor, a quien pintan ciego, es vidente y perspicaz porque el amante ve cosas que el indiferente no ve y por eso ama”. José Ortega y Gasset

 

Mi última relación sentimental fue en 2011. Quedé tan dañada, que por años no la tomé en cuenta como si hubiera sido una relación afectuosa. Sin embargo, al hablar con algunos conocidos me vi cambiando de opinión. Sus observaciones objetivas me ayudaron a comprender lo que no entendí en mucho tiempo.

Por ejemplo, entendí que esa relación me permitió ver la persona que yo era y debía dejar de ser. Pude darme cuenta de lo que busco en una relación y al tipo de hombre que no quiero volver a encontrarme jamás en mi vida. Descubrí la capacidad que tengo para dar de mí de manera desinteresada y mi habilidad para soportar la maldad dirigida hacia mí; por lo tanto, aprendí a poner límites y a amarme más. Sí, esa relación cuenta porque cumplió su misión y me ayudó a entenderme más, a amarme más.

Es una realidad innegable que si una relación amorosa se termina, es porque las cosas entre las dos personas no van bien. Ya se trate de infidelidad, mentiras, algún tipo de abuso o lo que sea; una relación termina -en muy pocas ocasiones-, «en buenos términos».

Un fin y un nuevo comienzo

Cuando una relación llega a su fin de buenas maneras el dolor del rompimiento es más fácilmente superable; por supuesto, esto sucede cuando ambas personas son lo suficientemente maduras, honestas y emocionalmente inteligentes con ellos mismos y con el otro. Pero cuando no pasa de esa manera, el dolor y sufrimiento pueden prolongarse por mucho tiempo.

El tiempo es lo de menos cuando se trata de pasar la página. Las heridas emocionales son las que impiden muchas veces que las personas quieran darse una nueva oportunidad en el amor. Incluso, a veces sucede que desean hacer pagar a todas las personas que lleguen a su vida el daño que otro les hizo.

 

Mi última relación sentimental fue en 2011. Quedé tan dañada, que por años no la tomé en cuenta como si hubiera sido una relación afectuosa. Sin embargo, al hablar con algunos conocidos me vi cambiando de opinión. Sus observaciones objetivas me ayudaron a comprender lo que no entendí en mucho tiempo.

Por ejemplo, entendí que esa relación me permitió ver la persona que yo era y debía dejar de ser. Pude darme cuenta de lo que busco en una relación y al tipo de hombre que no quiero volver a encontrarme jamás en mi vida. Descubrí la capacidad que tengo para dar de mí de manera desinteresada y mi habilidad para soportar la maldad dirigida hacia mí; por lo tanto, aprendí a poner límites y a amarme más. Sí, esa relación cuenta porque cumplió su misión y me ayudó a entenderme más, a amarme más.

Es una realidad innegable que si una relación amorosa se termina, es porque las cosas entre las dos personas no van bien. Ya se trate de infidelidad, mentiras, algún tipo de abuso o lo que sea; una relación termina -en muy pocas ocasiones-, «en buenos términos».

Un fin y un nuevo comienzo

Cuando una relación llega a su fin de buenas maneras el dolor del rompimiento es más fácilmente superable; por supuesto, esto sucede cuando ambas personas son lo suficientemente maduras, honestas y emocionalmente inteligentes con ellos mismos y con el otro. Pero cuando no pasa de esa manera, el dolor y sufrimiento pueden prolongarse por mucho tiempo.

El tiempo es lo de menos cuando se trata de pasar la página. Las heridas emocionales son las que impiden muchas veces que las personas quieran darse una nueva oportunidad en el amor. Incluso, a veces sucede que desean hacer pagar a todas las personas que lleguen a su vida el daño que otro les hizo.

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En mi caso, quedé con mucho miedo hacía los hombres. Sé que no puedo poner a todos en el mismo concepto, también estoy clara de que así como hay hombres «malos», también hay mujeres increíblemente crueles, pero es inevitable no tener prevención.

Después de superar ese evento, que me tomó años, ahora estoy segura del tipo de hombre que busco y lo que deseo vivir en una relación amorosa. Esa es la razón por la que no me permito desviarme en relaciones sin futuro llenas de promesas vanas, y menos me permito desviarme del camino por una atracción o pasión momentánea.

Está permitido equivocarse, pero no permanecer en el error

Cuesta mucho salir de una relación afectiva tóxica. Aún así, la realidad es que después de que te das cuenta de que mereces un mejor trato, respeto y paz mental, te alejas sin mirar atrás y tan rápido que te sorprende no haberlo hecho antes.

Por años creí que no sería capaz de escapar de esa dependencia afectiva tan dañina; sin embargo, cuando decidí hacerlo, no me costó nada poner espacio de por medio. Lo difícil fue darme cuenta que él se negaba a dejarme ir. Pese a que él tenía un nuevo amor en su vida, su empeño por dañarme fue tal que llegué a odiarlo.

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