Augusto Fernández y su eterno amor a River

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Augusto Fernández y su eterno amor a River

El volante, actualmente sin club, se encuentra realizando el aislamiento obligatorio junto a su familia en Madrid. “Tratamos de encontrarle el lado positivo”, contó, a la vez que repasó su carrera y tiró: “Mi corazón siempre va a hinchar por River”.

 

– ¿Cómo estás? ¿Qué se cuenta por allá, en estos momentos tan particulares y complicados para todos en el mundo?

Acá estamos, en Madrid, llevamos el día 21 de confinamiento y es muy raro. Entrenando la paciencia, la imaginación, jugando y aprovechando a disfrutar de los chicos, de escucharnos y de hacer cosas que por mi trabajo se hacen muy difíciles de encontrar. Más para mí que estuve los últimos dos años solo en China y mi familia en Madrid. Tratamos de encontrarle el lado positivo a este caos que se vive a nivel mundial.

– ¿Y cómo llevan adelante la doble actividad, padres y maestros?

Reinventándonos. Uno es padre, no es docente. Mis hijos siguen el colegio desde casa y es difícil. Ahora uno entiende a los maestros… Con mi esposa tenemos dos nenas, de siete y cinco años, y el nene de ocho. La realidad es que nosotros tenemos la suerte de no trabajar en este momento. Para la mayoría de la gente, que debe compaginar su actividad laboral con la enseñanza de los hijos, debe ser mucho más desgastante.

– ¿Qué balance haces de tu carrera hasta aquí?

Cumplo 34 años en estos días y la verdad que logré más cosas de lo que me hubiese imaginado. Jugué en clubes grandes, en Argentina y en Europa. Salí campeón en River y en Vélez, jugué Copa Libertadores. Fui capitán en Celta, pasé al Atlético Madrid, competí y llegué a final de Champions. Con la selección disputé Copa América y fui a un Mundial. Siempre fui a más, sin ser un crack ni un jugador top. Lo mío siempre fue gracias al trabajo, a la fortaleza mental y emocional, la determinación, la regularidad. Mediante todo eso creo que he logrado lo que me propuse y más también.

– ¿Te permitiste o tuviste tiempo de disfrutar todo eso?

No, por la autoexigencia. Nunca pude disfrutar pero esa misma carga que me generaba me hizo superarme. No me puedo reprochar nada, estoy contento y orgulloso de lo que he logrado pero quiero más. Me siento muy bien para seguir y me gusta desafiarme. Es mi principal objetivo, superarme día a día.

– A lo largo de 14 años como futbolista profesional, tuviste a grandes entrenadores. ¿Con cuál te quedás?

Soy un afortunado. He tenido de los mejores en mi carrera. En Argentina, a (Daniel) Passarella y a (Diego) Simeone en River, a (Ricardo) Gareca en Vélez. En Celta a (Eduardo) Berizzo y a Luis Enrique, a (Alejandro) Sabella y a (Gerardo) Martino en la Selección. No voy a puntualizar en uno, de todos los que te mencioné aprendí mucho.

– ¿Cómo se dio esa transformación del jugador que debutó en River al que jugó la final de la Champions con el Atlético Madrid?

Yo era un volante por derecha y así me hizo jugar el Cholo cuando me tuvo en River. Ya en Celta, Luis Enrique y Berizzo me fueron transformado en un cinco y cuando pasé al Atlético Madrid, llegué como cinco. Con el Cholo ya era un cinco tapón te diría, no pasaba la mitad de la cancha. Lógicamente, ese tiempo fue especial y estoy agradecido al Cholo porque siempre jugué y llegamos a esa final en Milán contra el Real.

– ¿Que recuerdos tenés de ese partido, qué les faltó para levantar la Orejona?

Esa final fue lo máximo que llegué a jugar a nivel clubes. Fue hermoso y si no ganamos la copa fue porque no existía el VAR… El gol que nos hicieron era offside. El partido fue parejo y se definió por penales. Siempre me quedó la espina de no haberla ganado y de disfrutar un poco más. Pero fue inolvidable haber estado ahí.

– ¿Qué lugar ocupa River en tu vida?

A River llegue en el 97, desde Pergamino con 11 años, y dormía en casa de compañeros. A los 13 me dieron la pensión, fui al colegio del club. Toda mi vida, mi formación como jugador y como persona fue en River. No puedo dejar de decir que River fue mi casa, literal, y por eso mi corazón siempre va a hinchar por River.

– ¿Y Vélez?

Vélez me adoptó en un momento clave de mi carrera. Volvía de Francia sin haber jugado en los últimos meses y no estaba bien anímicamente. Me fue muy bien, es un club que está muy desarrollado en todos los niveles y te permite sentirte muy contenido y cómodo. Vélez es un gran club al que también le tengo mucho cariño.

– ¿Cómo llegaste a ser jugador de Selección?

En el Celta mantuve el nivel por el que me habían comprado a Vélez y al poco tiempo me convertí en capitán del equipo y empezaron a llegar las convocatorias.

– Casi te quedás afuera por una lesión y después fuiste el único que no jugó en Brasil 2014, ¿cómo lo viviste?

Poco tiempo antes del Mundial tuve un esguince y le metí con todo para poder llegar a la lista definitiva. Sabella me conocía de River porque era ayudante de campo de Passarella cuando debuté. Yo no le puedo reprochar nada por no haber jugado en el Mundial porque él debe haber notado que yo no estaba al ciento por ciento. Me entrené con mucho dolor y en un Mundial no podes arriesgar nada. Lo acepté y estoy sumamente agradecido y orgulloso por haber estado ahí.

– Pero no debe haber sido fácil para vos .

Siempre me sentí importante y es algo que va conmigo. Jugando y siendo titular cualquiera lo siente. Pienso que el mayor mérito de un jugador es tratar de ser importante cuando sos suplente o cuando quedás afuera. Mantener un equilibrio emocional que permita superar un momento adverso y exigir al resto de tus compañeros. Está en mi ABC tratar de sumar siempre y es lo que hago en mi vida y en mi carrera.

– ¿Cómo es ser compañero de Lionel Messi?

Soy un agradecido por haber jugado y entrenado con Leo en la selección. Me río cuando critican si uno dice que hay que jugar para él. Cómo no vas a jugar para él, si es el mejor de todos. Es inconsciente cuándo tenés la pelota buscás dársela a él. Es el que te puede cambiar el rumbo de un partido. Es admiración pura. Haber compartido plantel con Leo es algo increíble.

– ¿Creés que se la castigó mucho a esa Selección que después afrontó y perdió dos finales más?

El argentino es ganador por naturaleza. Por más que después no se dé en la práctica se siente ganador. Para la mayoría si no ganás, no servís. No hay análisis, no hay paciencia, no hay proyectos a largo plazo porque todo va atado a un resultado y de esa manera te juzgan. Yo creo, como argentino y amante del futbol, que fue inmerecido el trato que han tenido los chicos que han formado parte activa de esa generación.

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