Se llama Rubén, es papá y dio la teta: “La idea de lactancia materna me dejaba afuera”

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Se llama Rubén, es papá y dio la teta: “La idea de lactancia materna me dejaba afuera”

Es una persona trans masculina y siempre había tenido un sueño: gestar y amamantar. Cuando llevaba dos años en testosterona, inició un proceso de fertilidad con esperma donado para convertirse, sin pareja, en papá gestante. Lo logró y, además, dio la teta durante ocho meses. La historia de una familia borrada de la “Semana Mundial de la Lactancia Materna”

 

 

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Ya había terminado los estudios de Educación Infantil, los años seguían pasando pero la duda no se iba. Más allá de lo que su cuerpo y su documento le indicara al resto, nunca se había sentido una mujer pero tampoco lograba identificarse con lo que se suponía que, inevitablemente, sentían todos los varones trans.

“Yo tenía personas trans cerca pero pensaba ‘es que no me parezco en nada, entonces no debo ser trans’. La sensación era que había que cumplir con varios ítems: ser una persona que odia a su cuerpo, que sí o sí quiere someterse a tratamientos hormonales con testosterona y que ni por asomo desea gestar a una criatura, parir o amamantar”, cuenta a Infobae el español Rubén Castro, que tiene 29 años y estudia Educación Social.

Rubén no sólo no odiaba a su cuerpo: el sueño de su vida era gestar y formar su propia familia y, en ese contexto, no sabía si quería entrar a un quirófano para hacerse la doble mastectomía y sacarse las mamas. Al contrario, los pechos podían tener en su vida una función vital: la de amamantar a ese bebé con el que siempre había soñado.

Su sueño era gestar y amamantar para formar su propia familiaSu sueño era gestar y amamantar para formar su propia familia

“Hay muchos mitos sobre las personas trans, no sólo esos. Otro es el de la ropa, el ‘qué mal la paso cuando me tengo que vestir’”, enumera él, y muestra que ese malestar es algo que no siempre les sucede.

“En mi infancia yo me iba adaptando: si tenía que hacer la comunión y ponerme un vestido para mí no era un hecho traumático, era como disfrazarme. O sea, era incluso divertido”.

Vivió la niñez y la primera juventud sin referentes, nadie en quien ver su vida espejada. “Por lo que he crecido creyéndome este mensaje de que sólo las mujeres podían gestar. Entonces pensaba que si mi deseo de llevar un embarazo era tan fuerte, yo no podía ser otra cosa que no fuera una mujer”.

Fue en 2015, cuando tenía 22 años y todavía creía que era una mujer (parte de la comunidad LGBT sí, pero mujer), que leyó la historia de un joven venezolano que vivía a casi 9.000 kilómetros de Madrid. El joven era Fernando Machado, un hombre trans que estaba embarazado y feliz: gestar también había sido siempre el gran deseo de su vida.

Pudo hacer su transición cuando encontró referentesPudo hacer su transición cuando encontró referentes

“Le escribí y hablé con él, recuerdo que se me caían las lágrimas, como si me estuviera describiendo quién era yo realmente. Recuerdo que enseguida supe quién era yo, como ‘claro es que puedo también gestar y no ser una mujer’. Fue un despertar, ese momento en el que dices ‘ahora lo entiendo todo’”.

La revelación no era que podía gestar, sino que no estaba obligado a seguir mostrándose como una mujer para hacerlo. “Podía gestar desde mi verdadera identidad de género”.

El sendero hacia la paternidad

Con el camino más despejado, Rubén inició su transición social para ser quien es hoy: una persona trans masculina no binaria (“trans” porque su género no coincide con el que se le asignó al nacer, y “no binaria” porque no se identifica con lo que está dentro de lo binario hombre/mujer).

En España contaron su historia como la de “primer hombre trans embarazado”En España contaron su historia como la de “primer hombre trans embarazado”

Su historia causó furor en España y llegó a todos los medios como la historia del “primer hombre trans embarazado”, aunque lo cierto es que Rubén no fue el primero sino el primero que decidió contarlo públicamente, más allá de quienes buscaban ponerlo en el lugar de “freak” o “fenómeno”. Era su forma de que otras personas trans también tuvieran referentes visibles, como los que él había necesitado.

Al final, sí decidió comenzar un tratamiento hormonal con testosterona (lo que muchos hombres trans suelen hacer para tener barba, voz más gruesa y dejar de menstruar, entre otras cuestiones).

“Pero como te dicen que la testosterona puede afectar la fertilidad, antes fui a congelar mis óvulos”, cuenta. “La otra decisión importante fue no operarme el pecho: definitivamente quería vivir la experiencia de la lactancia”.

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