Cómo acompañar a una persona que nos cuenta que sufrió un abuso sexual

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Cómo acompañar a una persona que nos cuenta que sufrió un abuso sexual

Dos cuestiones acompañan las situaciones de abuso y se retroalimentan: la culpa y el silencio. Cuanto más sintomatología presente la persona que vivió un abuso, más clara es la necesidad de ayuda profesional.

 

Lamentablemente sabemos que, estadísticamente, los abusos sexuales son frecuentes. Hoy comienza a visibilizarse y ponerse en palabras cada vez más, por lo que muchas personas consultan cuál es la mejor forma de acompañar a una pareja, un amigo o amiga, familiar, etc., cuando nos relatan una situación de abuso sexual. Esta nota es a modo de sugerencia y de ninguna manera reemplaza la consulta profesional, ni va a poder dar respuesta a cada vivencia personal. Haremos referencia a casos supuestos en los que la víctima es una persona adulta que nos cuenta un episodio del pasado.

Hay dos cuestiones centrales que acompañan las situaciones de abuso y se retroalimentan: la culpa y el silencio. Es muy posible, que la persona que nos está contando su experiencia, lo esté poniendo en palabras por primera vez, o por lo menos, que sea una de las primeras veces que lo puede contar. Entendamos entonces lo movilizante y difícil que puede ser.

Este primer relato que la víctima nos confía tiene carácter experiencial. Algunas veces la situación de abuso en si no tiene secuelas traumáticas, pero puede agravarse cuando al contarlo el interlocutor le hecha la culpa, la juzga, se enoja, o no le cree. Esto puede suceder tanto con la familia, como con la parejas, o con los profesionales implicados. Las reacciones de los otros construyen el evento traumático y es por eso que es importante saber cómo reaccionar para no empeorar las cosas.

Hay dos cuestiones centrales que acompañan las situaciones de abuso y se retroalimentan: la culpa y el silencio (EFE/ Rayner Peña/Archivo)
Hay dos cuestiones centrales que acompañan las situaciones de abuso y se retroalimentan: la culpa y el silencio (EFE/ Rayner Peña/Archivo)

Lo primero que debemos saber es que el relato le permite a la víctima procesar aquello intolerable y el silencio, que suele instalarse alrededor de las situaciones de abuso, hace que la posibilidad de elaboración se vea dificultada. Es importante dejar que la persona hable como pueda, como le salga. No hay una manera correcta de hacerlo. Evitemos comentarios del tipo “¿por qué no lo contaste antes?” y de ninguna manera podemos ofendernos o considerar que la persona nos mintió. Bajo ningún punto de vista vamos a juzgar lo que la persona hizo a partir del abuso.

 

Tampoco se debe emitir un juicio sobre lo sucedido, con preguntas del tipo por qué no hizo nada, o por qué no dijo que no, etc. Sería como culpabilizar a la víctima de un robo por “dejarse robar”. Existe la creencia de que la víctima podría haber evitado la situación, pero la realidad es que un abuso se trata de una situación de indefensión, de asimetría, de coerción y de pérdida de control. La parálisis y el silencio son manifestaciones que expresan el NO consentimiento y son reacciones de miedo.

Es fundamental colaborar en el proceso de desculpabilización. Cuando alguien nos hace un daño, sobre todo alguien cercano, es difícil entender el por qué. Es muy común que la víctima crea que hubo algo en ella, que motivó la conducta abusiva. Lo primero entonces es quitarle esa culpa a la víctima. Reforzar el concepto de que la única responsabilidad la tiene la persona que hizo lo que hizo.

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