Carnicero baleado: Dos mujeres serían testigos presenciales del hecho

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Carnicero baleado: Dos mujeres serían testigos presenciales del hecho

La principal hipótesis en el ataque a Gustavo Cano, el carnicero de 36 años que recibió un balazo en el rostro en el barrio Serantes, apunta al intento de robo. Eso se desprende de los primeros dichos de dos mujeres que estaban a unos pocos metros al momento de llegar los motochorros. Cano tenía el cuchillo de trabajo y eso habría alterado al malviviente que le disparó. Los atacantes siguen prófugos.

 

El asal­to a una car­ni­ce­ría de la ca­pi­tal co­rren­ti­na en el que su due­ño fue he­ri­do de un ba­la­zo en el ro­tro fue pre­sen­cia­do en for­ma par­cial por dos mu­je­res, ve­ci­nas del co­mer­cio. Así lo in­for­ma­ron ayer fuen­tes po­li­cia­les que, a su vez, pre­ci­sa­ron so­bre in­ten­sos pro­ce­di­mien­tos pa­ra tra­tar de cap­tu­rar a los asal­tan­tes.

 

Am­bas per­so­nas es­ta­ban so­bre la ve­re­da, de­lan­te de un lo­cal si­tua­do a po­cos me­tros, cuan­do uno de los malhecho­res in­gre­só. Se tra­ta­ría de un cla­ro in­ten­to de ro­bo.

De­ta­lles apor­ta­dos de par­te de una de las tes­ti­gos per­mi­tie­ron sa­ber a los en­car­ga­dos de la in­ves­ti­ga­ción va­rios pun­tos im­por­tan­tes. En­tre ellos que el au­tor ma­te­rial del dis­pa­ro con­tó con la com­pli­ci­dad de otro su­je­to, quien a po­cos me­tros lo es­pe­ra­ba so­bre una mo­to­ci­cle­ta con el mo­tor en­cen­di­do.

Por el ca­so, Gus­ta­vo Ca­no, de 36 años, per­ma­ne­ce in­ter­na­do fue­ra de pe­li­gro en el Hos­pi­tal Es­cue­la Ge­ne­ral San Mar­tín a ra­íz de un im­pac­to de ba­la con ori­fi­cio de en­tra­da y sa­li­da. De mi­la­gro no su­frió pe­o­res con­se­cuen­cias.
Tal co­mo ayer lo in­for­mó dia­rio épo­ca, el jue­ves a la no­che, a eso de las 20:15, los mo­to­cho­rros es­ta­cio­na­ron fren­te a la car­ni­ce­ría de ca­lle Ni­ca­ra­gua al 4700, a po­co más de una cua­dra de ave­ni­da Ar­tu­ro Fron­di­zi, en el ba­rrio Par­que In­ge­nie­ro Se­ran­tes.

Uno de ellos des­cen­dió, ca­mi­nó has­ta el co­mer­cio e in­gre­só. Ape­nas tras­pu­so el um­bral sa­có el ar­ma y pa­so se­gui­do se pro­du­jo la de­to­na­ción.

Las au­to­ri­da­des ini­cia­ron la pes­qui­sa co­mo un “su­pues­to ro­bo ca­li­fi­ca­do en gra­do de ten­ta­ti­va”. En es­te sen­ti­do se pre­ten­día es­cla­re­cer si el car­ni­ce­ro lle­gó a re­sis­tir el atra­co y por ello fue que le dis­pa­ra­ron a man­sal­va.

Al pa­re­cer, Ca­no en el mo­men­to de ver al de­lin­cuen­te fren­te a él te­nía un cu­chi­llo en la ma­no.

Con­su­ma­da la agre­sión el asal­tan­te es­ca­pó co­rrien­do, as­cen­dió a la mo­to­ci­cle­ta ti­po cross y jun­to a su acom­pa­ñan­te lo­gra­ron ale­jar­se a al­ta ve­lo­ci­dad en di­rec­ción a la ave­ni­da Fron­di­zi. Así lo pre­ci­sa­ron las mu­je­res.

Es­tas dos per­so­nas dia­lo­ga­ban so­bre la ve­re­da de un ne­go­cio lin­dan­te. La car­ni­ce­ría de Ca­no (fun­cio­na des­de ha­ce apro­xi­ma­da­men­te dos años) es­tá ubi­ca­da jun­to a otros dos co­mer­cios, un po­li­rru­bro y una des­pen­sa.

Una de las tes­ti­gos ob­ser­vó en­trar a un jo­ven de con­tex­tu­ra del­ga­da y una “go­rri­ta” co­lo­ca­da a la ca­be­za. Lo cre­yó un clien­te. Pe­ro a los po­cos se­gun­dos es­cu­chó “gri­tos” y el dis­pa­ro. Tras ello, lo ob­ser­va­ron sa­lir a la ca­rre­ra.

Fuente: Diario época

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