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Alexander Stubb: “Necesitamos liderazgo para hacer frente a los Salvini y Trump de este mundo”

Vinculado a la UE durante toda su vida, este político finlandés se define como “eurofriki” y aspira a ser el elegido del Partido Popular y a suceder a Jean-Claude Juncker el año que viene

El finlandés Alexander Stubb, candidato a presidir la Comisión Europea

Stubb: “La UE necesita un líder capaz de manejar 27 egos”

Alex Stubb (Helsinki, 1968) ha sido diplomático, eurodiputado, ministro y primer ministro, y ahora quiere ser presidente de la Comisión Europea. Este martes anunció su candidatura en Estrasburgo, y en la víspera explicó a EL MUNDO en una larga entrevista cuáles son sus ideas y motivaciones. En qué cree, pero sobre todo a quién quiere combatir. Políglota, maratoniano, y “eurofriki”, según él mismo, aspira a ser el elegido del Partido Popular y a suceder a Jean-Claude Juncker el año que viene. Con ideas “claras, francas”, asumiendo las imperfecciones del continente y frenando “a los Salvinis y Trumps de este mundo”.

¿Por qué quiere ser presidente de la Comisión Europea?
A veces en la vida la oportunidad llama a tu puerta y no puedes decir que no. Estoy obviamente honrado porque toda mi vida ha girado en torno a la UE. Soy un eurofriki. He escrito libros sobre ella, fui negociador en los Tratados de Niza, Ámsterdam y el Tratado de Lisboa. He sido eurodiputado y estado ocho años en el Gobierno, y ahora en el BEI.
Pero, ¿por qué quiere el puesto? ¿Por qué ahora?
Vivo y respiro la UE. Creo que ha sido el mayor proyecto de paz de la historia moderna, clave para la estabilidad, y ha impulsado valores que son universales: derechos fundamentales, libertad, democracia, multilateralismo, etc. La de la UE es una historia de éxito. Si miramos hacia atrás, los europeos morían de enfermedades, hambre o guerras y ahora hemos sido capaces de erradicarlo. Es algo que celebrar y preservar. Desgraciadamente, mucha gente intenta liderar ahora en Europa con miedo y odio. Esparcen temores sobre la inmigración, sobre el otro, sobre la tecnología o el terrorismo. Y eso debe ser revertido.
El discurso del miedo ha calado dentro y fuera de la UE.
En el pasado teníamos tres ideologías dominantes en Europa: comunismo, fascismo y liberalismo. El fascismo, prácticamente, fue aniquilado en 1945 y quedó un orden bipolar con comunismo y liberalismo/capitalismo/democrático, como quiera llamarlo, que duró hasta 1989. Cuando empecé a estudiar Relaciones Internacionales, había una ola de euforia. Cae el Muro de Berlín, Vaclav Havel logra la libertad, Mandela sale de la cárcel, empieza la integración. Para nosotros, finlandeses, se abrieron las puertas de la UE. Unas décadas de relativo entusiasmo hasta 2016, cuando llegan el Brexit y Donald Trump. Mi objetivo es que lo que le pasó al comunismo y el fascismo no le pase ahora al liberalismo, por Trump y por el Brexit. Éste es el momento de Europa. Tenemos una oportunidad de defender valores, el libre comercio, liderar en seguridad. Y deberíamos hacerlo en vez de distraernos con peleas internas. Estoy preocupado por los Salvini y los Trump de este mundo. Necesitamos liderazgo para hacerles frente.
¿Por qué cree que puede ser presidente?
Creo que puedo ante todo por la experiencia. Soy el único candidato que tiene un doctorado en cuestiones europeas, que ha sido diplomático en temas de la UE y eurodiputado. La UE no es Montesquieu, no es una clara separación de poderes y necesitas un entendimiento profundo de cómo funcionan todas las instituciones. Trabajé para Prodi en la Comisión, en el Parlamento y he estado como ministro en el Consejo de Asuntos Exteriores, en el Eurogrupo y el Ecofin y más importante aún, en el Consejo Europeo con los jefes de Estado y de Gobierno. Macron y yo somos seguramente los dos únicos que hemos estado en la sala grande primero tomando notas y años después hablando.
¿Tiene apoyos?
Sí, sin duda. Tengo suficientes países que me apoyan. Indudablemente mi propio partido y los sospechosos habituales [del norte]. Lo ideal sería conseguir el apoyo de los españoles o los portugueses del PPE para mostrar que el rango geográfico es amplio. Mi candidatura será la de próxima generación. Es hora de dar a Europa más color, de mostrar que hay algo más que señores mayores con canas.
¿Cómo se define usted?
Si me quiere encorsetar supongo que soy un centrista. Si lo hace dentro de Europa sería un moderado de centroderecha. Si lo hace dentro del PPE seguramente un moderado de centroizquierda. Manfred Weber es más conservador que yo.
¿Qué tipo de Comisión necesita Europa?
Necesitamos una más política, sin duda. Hay gente que dice que la Comisión debería ser más burocrática y limitarse a su papel de Guardiana de los Tratados. Estoy en desacuerdo. Eso quizás valía hace décadas, pero dejó de sostenerse con Santer. La de Prodi fue la primera algo más política, la de Barroso lo fue más de lo que la gente dice. El balance de la Comisión Juncker es bastante bueno. Entró en 2014, en mitad de la crisis. Lanzó el Plan Juncker que funciona muy bien en toda Europa. Lidió con la crisis de refugiados, con Brexit y Trump. Si hubiera sido sólo un ejecutivo burocrático no habría podido. En el futuro tenemos que ser aún más políticos.
Algunos países no están muy contentos con Juncker. Lo perciben como personalista, excesivo, con mucho peso.
Es mejor hablar que no hacerlo. Mejor ser abierto, honesto transparente y decir lo que piensas. Sin duda hay que ser equilibrado, pero el liderazgo implica defender los valores fundamentales. Hay que dejar que esos valores de libertad, democracia, Estado de Derecho, te guíen en los debates que van saliendo: migratorio, seguridad, el futuro del euro, tecnología, etcétera. Yo sería mucho más, o al menos igualmente abierto y franco. Me gusta el estilo de Juncker en muchos sentidos.
¿Son esos valores de los que habla compatibles con Orban?
Al final la cuestión de Orban va a ser binaria: estás con o contra nosotros. Creo que la apertura del Artículo 7 contra Hungría es un buen punto de partido. O bien Orban se acomoda, cambia y puede seguir en el PPE, o no lo hace y se tiene que ir. En la Cumbre del PPE de este mes de octubre deberíamos tener una discusión sobre ello. Somos un partido que se sustenta en los valores y es muy importante que demos tres cosas. Primero, un mensaje proeuropeo. Segundo, un mensaje positivo, porque no podemos liderar con miedos y odios. Tercero: un mensaje pragmático. No tengo tiempo para gente que se junta con Salvini. En mi PPE no hay sitio para el PiS polaco o Salvini. Entrarían en el PPE sobre mi cadáver.
¿Por qué ellos no y Orban sí?
La gran diferencia es que Orban está dentro ya. Empezó a la izquierda, venía de Alde, de los liberales europeos. Se ha movido mucho a la derecha y el partido debe abordar esta cuestión. No es mera política, son valores y debemos tener claro qué defendemos. Hace falta un giro. La gente ha perdido la esperanza. Siente inseguridad, abandono, y el populismo les ha dado algunas respuestas.
Los que llama populistas ganan votos cuando Bruselas abre la boca.
Esa es la razón de que a menudo los líderes europeos se callen sobre los problemas del resto. En mi experiencia, las cumbres europeas son una gran sesión de terapia para los jefes de Estado y de Gobierno. Todos los primeros ministros y presidentes, apremiados y estresados, acuden a Bruselas sintiéndose solos y es el único lugar en el que pueden mirar a los ojos a todos en la sala y decir: sé por lo que estás pasando y empatizar. Allí, cuando hablan, suelen tratar de ser de ayuda porque entienden la situación. Es necesario entender las sensibilidades y se busca ayudar pero no siempre sale bien.
Hablando de sensibilidades nacionales… si es presidente de la Comisión Europea le van a preguntar mucho por Cataluña.
Soy sólo un candidato potencial y he de ser muy cuidadoso. Entiendo perfectamente lo delicado y complicado del asunto en España. España es el miembro de la UE y el trabajo de la Comisión es la guardiana de los tratados. También es su trabajo asegurarse de que las reglas de la UE se respetan. Lo que ocurre es un asunto interno de España.
Hace una década me dijo que para puestos como el que ahora quiere hacían falta personalidades fuertes que controlen 27 egos.
Era así y cada vez más. No conocía el Consejo Europeo entonces, donde es el nivel máximo. Hay que entender lo que sucede en sus países, su psique, la presión de Bruselas. He visto ambos lados. Al final mucho tiene que ver con inteligencia emocional, empatía y cómo eres capaz de alcanzar compromisos entre partes muy diferentes. No vamos a tener un líder simbólico tipo Obama o, espero, tipo Trump. El presidente de la Comisión Europea o el Consejo debe ser diferente, pero eso no quiere decir que no tenga que tener carisma o capacidad de llegar. Necesitamos que alguien hable de esperanza y oportunidad, no sobre miedos. Hay demasiados líderes que vender soluciones fáciles asustando. Es más difícil abordar los problemas y sacar lo positivo. Pero es lo que necesitamos.
¿Qué resultado espera de las elecciones europeas?
Espero un resultado confuso y complejo, como hemos visto en las elecciones nacionales. Pondrá de manifiesto la necesidad de crear coaliciones, y si salgo sabemos en Finlandia es hacer coaliciones. El PPE debería forjar alianzas con los liberales, con Alde y el equipo de Macron. Y también con el PS, unirse a las fuerzas pro europeas. ¿Será fácil? No, pero es posible. El PPE debería estar cerca de Macron frente a los Salvini.
¿Qué posición tiene en temas migratorios?
No deberíamos permitir que se repita algo como lo de 2015. Nunca. La gente estaba, de forma justificada, asustada. Cuando se ven 300.000 personas caminando por las autopistas austriacas, sin documentos, los ciudadanos no entienden lo que pasa. Necesitamos soluciones comunes a problemas comunes. Diré tres cosas que no son nuevas pero sí controvertidas. La primera: hacen falta centros, preferiblemente fuera de nuestras fronteras, con la ayuda de Naciones Unidas, ACNUR, etc. Necesitamos una guardia fronteriza y un Frontex más fuerte, como ha pedido la Comisión Europea con sus 10.000 miembros. Y vamos a tener que ceder soberanía, hay que tocar ese asunto para poder preservar el movimiento interno. Y además necesitamos cuotas de asilo humanitarias obligatorias

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